El poder de un refrán

Gran parte de la sabiduría de una comunidad se cristaliza en sus refranes; pequeñas reglas de oro condensadas en una frase lírica que es fácil de recordar por su carácter gráfico. Por medio de refranes es posible transmitir lecciones de vida de generación en generación ya que detrás de cada dicho hay significados profundos e interpretaciones sobre el orden en el mundo: “más sabe el diablo por viejo que por diablo”.

El arte de un refrán radica en su capacidad para hacer que quién la escucha de sentido una idea compleja por medio de una imagen sencilla: “las paredes tienen oídos”. Por ello, para explicar ideas complejas, como una política pública que busque resolver una problemática social, los refranes son excelentes recursos para ayudar a la audiencia a entenderla. De dicha cuenta que agradezco a una amiga quién recientemente me compartió un listado de refranes guatemaltecos que espero puedan ayudarme a ser menos enredado al dar explicaciones.

La sabiduría manifestada en los refranes es producto de la evolución y adaptación que permite la supervivencia de la especie: “el que no oye consejo, no llega a viejo”. Sin embargo, los refranes también pueden perpetuar actitudes sociales autodestructivas.

De hecho, algunos de los refranes guatemaltecos sugieren justificaciones para la exclusión social y el endurecimiento de estereotipos. El mundo es cada vez más interdependiente, y se necesita amplia colaboración para resolver problemas como reducir la desigualdad, proteger el medio ambiente, innovación tecnológica, e incluso la inseguridad. La exclusión y los estereotipos son perjudiciales porque la soluciones a problemas complejos puede venir de cualquiera y necesitan de todos.

Estos son algunos de los refranes que preocuparía que la mayoría de personas considerara ciertos la mayoría de las veces:

  • “Dios sabe por qué tiene a los sapos bajo las piedras”
  • “No se hizo la miel para el pico del zope”
  • “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”
  • “Árbol que crece torcido, nunca su rama endereza”
  • “¿Qué puede dar la encina sino bellotas?”
  • “No hay que pedir peras al olmo”
  • “La cabra siempre tira al monte”
  • “Por la pluma se conoce al pájaro”
  • “El que es perico, donde quiera es verde”
  • “Hijo de loba, lobo será”
  • “De tal palo tal astilla”
  • “¿De dónde viene la canela para que no huela?”
  • “De casta le viene al galgo ser correlón”
  • “Genio y figura hasta la sepultura”
  • “Gallina que come huevo, ni aunque le quemen el pico”
  • “Casar y compadrar, cada cual con su igual”
  • “A tus pasteles, pastelero”
  • “Lo que se ha de comer el moro, que se lo coma el cristiano”
  • “Quien da pan a perro ajeno, pierde el pan y pierde el perro”
  • “El que da de lo que tiene, hace más de lo que puede”

Por supuesto, para cada refrán hay un contra refrán. Sin embargo, mi reflexión es que la prevalencia de los refranes en esta lista dificulta la colaboración y la reconciliación. Me parece sumamente cruel condenar a las personas a una condición negativa determinada sin posibilidades de aprender a superar sus limitaciones y por ende a quien se justifica excluir; peor aún, creer ser inmune a poseer esa condición. Ojalá nos diéramos la oportunidad de sorprendernos más seguido y ver que “las orugas no nacen volando”.

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