Por qué no votar nulo

por javierbrolo

La democracia enfrenta una crisis de legitimidad; alrededor del mundo, el descontento con la política es generalizado. Diversas campañas –cuya contribución más importante ha sido generar espacios para reflexionar sobre qué significa votar de forma consciente e informada- promueven el voto nulo como una forma de expresar ese sentimiento de insatisfacción. Sin embargo, votar nulo es arriesgado y, a mi criterio, contraproducente.

En su artículo titulado “¿Pueden las reglas informales hacer que la democracia funcione?”, Stokes (2006) describe ocho reglas que podrían usarse para decidir por quién votar. Estas reglas pueden explicarse por medio del siguiente experimento mental para evitar alusiones a los actuales contendientes.

Imaginemos una votante joven cuyo platillo favorito es el mole y repudia el caldo de gallina. Ella debe elegir entre los siguientes platillos, ordenados según su sabor de dulce a salado: mazapán, rellenitos, shecas, fiambre, caldo de gallina y pescado a la vizcaína. Los platillos representan a los partidos y su sabor al espectro ideológico. Además, imaginemos que el mazapán “gobierna” actualmente, y los platillos más populares son fiambre, caldo de gallina y shecas; en ese orden.

Dado que su opción no está representada ¿Qué platillo escogería? Seguir alguna de las ocho reglas que Stokes menciona orientaría su decisión.

1. Si minimiza la distancia entre las opciones y su preferencia, escogerá rellenitos, porque están hechos de plátanos, igual que el mole. Dado que los rellenitos no son populares, tendría un incentivo para promover activamente las virtudes del plátano en un platillo, a pesar de los defectos de los frijoles y la falta de chocolate. 2. Si actúa estratégicamente, escogerá fiambre, pues es la opción con más probabilidad de evitar que gane la opción que repudia. 3. Si toma posición en contra de lo salado, escogerá sehcas, ya que es la opción con más probabilidad de ganar, que no es salada, y tendría un incentivo para desacreditar los platillos salados.

4. Si prioriza la economía nacional, escogerá mazapán, si la economía del país mejoró mientras gobernaba mazapán. De lo contrario, escogería cualquier opción menos caldo de gallina con tal de cambiar la situación actual. 5. De forma similar, si prioriza la economía personal, escogerá mazapán si su salario mejoró mientras gobernaba mazapán. 6. Si prioriza recibir otros beneficios personales, escogerá la opción que más ganancias le ofrezca.

7. Si se identifica con su grupo (joven) y los jóvenes ofrecen pescado a la vizcaína, escogerá esa opción. 8. Finalmente, si confía en su círculo social y este prefiere caldo de gallina, dudará de su repudio y escogerá esa opción.

Elegir de acuerdo a alguna de estas reglas no garantiza que la opción repudiada pierda. Sin embargo, votar nulo aumenta el riesgo de que la opción repudiada gane si suficientes personas permiten, pasivamente, que suceda.

Por otro lado, votar nulo es contraproducente porque no indica qué causa su descontento. Al contrario, si seguimos alguna de las primeras tres reglas, al menos enviamos la señal que desearíamos más opciones “dulces” en el sistema. Si seguimos alguna de las siguientes tres reglas, admitimos nuestra necesidad de tener mejores condiciones materiales; y, con las últimas dos, expresamos identidad. Me parece que el voto nulo es tan ambiguo que deja vacía una discusión a la que tenemos la responsabilidad de darle contenido con nuestras preferencias, necesidades y afinidades.

* Este artículo fue originalmente publicado en: http://www.eleccionesenguate.com/2015/04/por-que-no-votar-nulo/

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